Cuando las palabras no son casuales, sino justas y arrastradas por una profunda pasión por lo que se hace, el resto queda invariablemente sujeto a las intenciones del artista. El resultado es entonces, siempre el de un trabajo honesto y personal. Fito Páez parece haber llegado a un momento en el que no necesita más que de su propio y elemental lugar en el mundo. Alejado de viejos vicios de intelectualidad musical y mucho más cerca del sentimiento actual, el músico hace pie en el centro del paisaje que adora: Rosario. Simple y terrenal, el camino de Fito luce renovado y nostálgico a la vez.
Con el Anfiteatro Humberto de Nito como escenario, y a mano de El mundo cabe en una canción, su reciente producción discográfica, Fito Páez se presentó este último sábado por la noche en "la ciudad de sus amores", como él mismo se encargó de definir. El mural vanguardista, que también aparece en el arte del disco, hizo las veces de telón de fondo y decorado. Un importante sistema de luces y el armado de una pasarela, especial para la ocasión, completaron el panorama previo. Si bien el lugar no mostraba un lleno similar a tantas otras veces, el público acompañó en buen número. Poco después de las 10 de la noche, Fito y compañía subieron a escena. Enseguida, el músico ocupó el lugar central en el piano, mientras que sus dos laderos de lujo, Vandera y Gonzalo Aloras, hicieron lo propio en guitarras y teclados, tarea que irían alternando según lo dispusiera el espectáculo y el pasar de los invitados. El resto de la formación estuvo compuesta por Paul Dourge en bajo, y Diego Arcaute (integrante también de la banda de Lucas Martí) en batería.
"Eso que llevas ahí", fue el tema elegido para dar comienzo a una noche de profundas emociones, repleta de referencias a una identidad que se sabe común a todos. Así como en las letras de sus canciones, Páez interpeló de forma directa a su público, que se entregó sin más a su juego de seducción."Esta noche vamos a hacer temas que tal vez muchos no conozcan", dijo antes de soltar los primeros acordes de "Yo te amé en Nicaragua" de Tercer Mundo, seguido por "Fuga en tabú" de Ciudad de Pobres Corazones. La gente agradeció tanto tributo del músico para con su ciudad, y lo celebró con aplausos. Jorge Fandermole subió como invitado para cantar "La oración del remanso", en uno de los momentos más íntimos de toda la noche. Con un delicado rasgueo de guitarra, el compositor compartió con Páez la interpretación de un clásico de la música popular. "Uno de los más grandes compositores del mundo", agregó Fito antes de que el cantautor cerrarse su participación en el escenario.El estreno de las canciones del nuevo disco, se mezcló en el repertorio con la reedición de viejos clásicos. De esta manera a "La hora del destino" le siguieron "Rueda mágica", "11 y 6" y "Cadáver exquisito", para el sentido disfrute de todos los presentes. En la pasarela, sentado de frente al público, recitó "Al lado del camino", en una versión original del tema de Abre. Cuando llegó el turno de "Enloquecer", track del último disco, el músico descubrió la presencia de su equipo de técnicos y camarógrafos y propuso en voz alta su plan de grabar un videoclip en vivo, en un nuevo guiño hacia su público. Otra vuelta de palabras en oda a la tierra que lo vio nacer, y un acto más que repetido a lo largo de toda la noche.
El salto de calidad llegó con un set de piano, que combinó las melodías de varios temas para terminar con "Viento dile a la lluvia" de Lito Nebbia y "Tema de Piluso". La gente perpetuó el momento en el tiempo y en silencio siguió cada detalle de la composición, hasta interrumpir con el fuerte ruido de los aplausos. Paso siguiente, Coki Debernardi subió para calzarse la guitarra y acompañar a la banda en "Fue amor" primero, y "Linyera" después, un clásico de su repertorio personal que interpretó junto a Fito, su gran amigo. En su tránsito por el escenario, el cañadense mostró todo su oficio de cantante de rock y salió ganando ante un público que también lo ovacionó.El viaje romántico del artista Páez continuó por los mismos lugares, entre la remembranza y la renovación. Las luces bajaron para que cientos de celulares y encendedores en alto, le dieran el clima ideal a "Brillante sobre el mic", y cumplir con el viejo rito melancólico. Con "Ciudad de pobres corazones", volvieron las sutilezas y el vuelo musical, a través de las incursiones de Aloras con sus solos de guitarra, sumado esto a la presencia de Vandera, quien para este tema deslumbró a cargo de los teclados.Después de más de dos horas de show, el músico cambió el traje negro del comienzo por una remera y un jean. Relajado y de muy buen humor arrancó los bises con un nuevo cumplido: "Este fue lejos el mejor show en Rosario en 10 años". Como para completar el romance con el público, Fito eligió cerrar con "Mariposa technicolor", en un final que incluyó como sorpresa un espectáculo de fuegos artificiales.En fin, después tanto fragor localista, hasta puede señalarse que de existir tal cosa como el ser rosarino, en el plano musical, no hay otro que lo sepa encarnar mejor que el propio Páez. Por lo menos eso es lo que el mismo artista con su voz y su discurso parece - con mucho esfuerzo - querer dar a entender.


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